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Santander: ciudad con 250 turnos.

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  • Santander: ciudad con 250 turnos.

    Este año 2005 Santander cumple 250 años desde que el Rey Fernando VI le concediera en 1755 el título de ciudad acontecimiento que querría compartir con ustedes.

    Página oficial del Ayuntamiento de Santander.



    Un "mucho" de historia

    Santander: entre el mar y la montaña.

    Santander, la capital de Cantabria, parece mostrar orgullosa el reflejo de su genuino pasado en las aguas de la hermosa bahía a la que se asoma. Protegido por un accidentado relieve, su puerto ha sido, a lo largo de la historia, la verdadera razón de ser de la ciudad y de sus habitantes.
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    Puerto de Castilla, jándalos e indianos, veraneos reales, una ciudad tendida sobre el mar a la sombra de la Pereda de Puerto Chico a la Magdalena, las primeras playas, un palacio construido por suscripción popular, El Sardinero en honor de don Marcelino Menéndez Pelayo al encuentro de la catedral, Santander, la capital de Cantabria, parece mostrar orgullosa el reflejo de su genuino pasado en las aguas de la hermosa bahía a la que se asoma. Protegido por un accidentado relieve, su puerto ha sido, a lo largo de la historia, la verdadera razón de ser de la ciudad y de sus habitantes.

    En la actualidad es una urbe moderna, elegante y cosmopolita -hay quien la llama la Perla del Cantábrico-, con una intensa vida urbana y cultural que el visitante podrá disfrutar con la tranquilidad y la sensación de calma y placidez que desprende esta fascinante ciudad marinera y veraniega repleta de jardines, encantadoras plazas, edificios nobles y espectaculares playas.



    La historia de Santander se remonta al año 26 a.C., cuando el emperador romano Augusto envió sus tropas, comandadas por Agripa, para consumar la conquista de la península y someter a los cántabros, conjunto de pueblos que tenían fama de rebeldes.

    Tras derrotar a los cántabros, los romanos fundaron un puerto marítimo al que bautizaron con el nombre de Portus Victoriae en honor del triunfo conseguido. En cambio, tras el nombre de la ciudad se esconde una hermosa leyenda: se cuenta que, en el siglo III d.C., una barca de piedra que transportaba las reliquias de los mártires Emeterio y Celedonio llegó a estas costas tras atravesar el arco natural del islote de La Horadada. En conmemoración de uno de los santos se construyó la abadía de San Emeterio, nombre que en época latina se convirtió en Sant Emeter y, más tarde, en Sant Ander. Sea cierta o no esta historia, sí parecen estar de acuerdo algunos historiadores en que la ciudad actual nació cuando unos monjes que huían de los musulmanes, tras recibir el consentimiento de los primeros reyes asturianos, decidieron instalarse en una pequeña colina donde fundaron la abadía de San Emeterio. La ciudad creció alrededor de ese templo, cuyo lugar ocupa hoy la pequeña catedral santanderina, y los dos santos mártires se convirtieron en patronos de la villa.



    Puerto de Castilla. La que fuera Puerto de San Emeterio, fue nombrada en 1187 villa de abadengo por el rey Alfonso VIII, que también le concedió el fuero a la ciudad. Entre los privilegios reales se contemplaba la libertad de los satanderinos para comerciar con ciertos productos (pan, vino, paños, etc.), así como la dispensa de algunos impuestos aduaneros. A partir de entonces y hasta el siglo XVI, Santander va adquiriendo un notable crecimiento comercial basado en la actividad de su puerto y en sus astilleros. De hecho, la ciudad era una de las Cuatro Villas de la Costa de la Mar Océana del Reino de Castilla (las otras eran Laredo, Castro Urdiales y San Vicente de la Barquera) y su gran apogeo se confirmó cuando le fue concedido el privilegio de exportar a Flandes y Amberes las lanas que se fabricaban en Castilla. Los santanderinos han sido siempre gentes de mar y avezados navegantes, como demuestran sus numerosas participaciones en importantes acciones navales.

    Una de las empresas más relevantes de la flota cántabra data de 1248, cuando durante el reinado de Fernando III el Santo colaboró decisivamente en la reconquista de Sevilla. Es bien conocida la epopeya del almirante Ramón Bonifaz, que detuvo su nave junto a la Torre del Oro hispalense y cortó las cadenas que enlazaban las dos orillas del río Guadalquivir. Como premio a sus gestas, el rey concedió nuevos privilegios a la ciudad y le otorgó las armas de su escudo, en el que, aún hoy en día, aparecen, además de las cabezas de los santos Emeterio y Celedonio, la Torre del Oro, de la que pende una cadena rota, y un navío de vela. Como escribió Elías Ortiz, el escudo de Santander ostenta «una nave a toda vela navegando con rumbo hacia una torre que figura ser de oro».



    Importante fue también la participación de los cántabros en el descubrimiento y colonización de las Indias Occidentales. jándalos e indianos. El siglo XVII marca el inicio de un periodo de decadencia para la ciudad, que ve cómo se diluye su tradicional esplendor comercial, reducido en esa época a cubrir la demanda local. Las causas de este estancamiento hay que buscarlas en el declive general del imperio naval español, la fuerte competencia comercial que representaba la creciente ciudad de Bilbao y las epidemias de peste que asolaron Santander a finales del siglo XVI y que hicieron disminuir su población de forma considerable. La recuperación no tardó en llegar y en el siglo XVIII se producen distintos hechos que favorecen un espectacular desarrollo de la urbe: en 1754 una bula del Papa Benedicto XIV convirtió a la villa en sede episcopal en detrimento de Santillana del Mar y, un año después, en 1755, el rey Fernando VI le concedió el título de ciudad.



    En esos mismos años se liberaliza el comercio con América, hecho que tuvo como consecuencia la creación del Real Consulado de Mar y Tierra de Santander, la construcción del ferrocarril Santander-Alar del Rey, que abría el «Camino de las Lanas», y la consolidación de una importante burguesía mercantil. Sin embargo, el verdadero crecimiento urbanístico de la ciudad llegó con el siglo XIX. Por entonces, desde el puerto de Santander, que en 1817 fue designada capital de la provincia, partían casi a diario decenas de personas para hacer fortuna en las Américas, sobre todo hacia Cuba y las Antillas. Según las costumbres de la época, los cántabros que se enriquecieron lejos de su tierra regresaron tiempo después e invirtieron dinero en su ciudad, o bien enviaron el dinero para la construcción de palacetes, iglesias, casas nobles, grandes mansiones y otras obras. A esta repatriación del capital también contribuyó la conflictiva situación que vivieron las últimas colonias españolas. Gracias a estas inversiones se produjo el desarrollo de los astilleros y la remodelación y ampliación del puerto, así como la creación, en el año 1857, del Banco de Santander.



    Los nuevos ricos que labraron su fortuna comerciando con el sur de la península reciben el nombre de jándalos, mientras que a aquéllos que se enriquecieron con el oro de las Indias se les conoce como indianos. Las casas de estos últimos son fáciles de reconocer: dos palmeras situadas junto a la fachada principal evocan esos lejanos paisajes tropicales que tanto les habían cautivado.


    Veraneos Reales. El último cuarto del siglo XIX significa el apogeo del periodo de gran esplendor de la ciudad, que coincide con su confirmación como lugar de veraneo aristocrático. Ya en 1861, la reina Isabel II decidió pasar unos días estivales en las playas de El Sardinero y, en agradecimiento, el ayuntamiento le ofreció unos terrenos para construir un palacio. Sin embargo, fueron las repetidas estancias veraniegas de Alfonso XIII y de su esposa Victoria Eugenia, grandes admiradores de la ciudad, las que convirtieron definitivamente a Santander en un selecto centro de veraneo, frecuentado, durante los meses de calor, por nobles, aristócratas y otros personajes ilustres. En 1908, la ciudad le regaló al monarca los terrenos de la península de la Magdalena, donde se construyó un magnífico palacio cuyas obras finalizaron en el año 1912.



    También en esa época, para satisfacer los refinados gustos y las especiales necesidades de tan distinguida concurrencia, se construyeron algunos de los edificios más emblemáticos de la ciudad: el Gran Casino, el Hotel Real, el Club Marítimo o el Hipódromo de Bella Vista. Este selecto ambiente favoreció el desarrollo de una intensa vida cultural y, entre el grupo de intelectuales que coincidió en la ciudad, cabe destacar a Menéndez Pelayo, cuyo legado (una biblioteca de más de 42.000 títulos) se puede contemplar en la Biblioteca-Museo de la calle Rubio, o al arqueólogo Sanz de Sautuola, descubridor de las cuevas de Altamira. No en vano, algunos llamaron a la ciudad la «Florencia cántabra» y muchos opinaban que era aconsejable «dejarse ver por Santander». Sin embargo, este florecimiento se vio truncado por una serie de desgracias que asolaron la ciudad: a finales del siglo XIX se produjo la que está considerada la peor catástrofe civil de ese siglo en España, la explosión del carguero Cabo Machichaco, que causó la muerte de más de 500 personas el 3 de Noviembre de 1893.



    Durante la guerra civil, Santander, que defendió al bando republicano, sufrió daños muy graves y, por último, en el año 1941 se produjo un tremendo incendio que redujo a cenizas la parte baja de su casco antiguo. La reconstrucción fue difícil pero fructífera y, hoy en día, Santander puede presumir de ser un importante centro administrativo, comercial, cultural y turístico. Sin duda, es una de las ciudades más atractivas de toda la cornisa cantábrica. Una ciudad tendida sobre el mar. Urbanísticamente, Santander se extiende en sentido longitudinal a lo largo del mar y está atravesada de un extremo a otro por tres vías principales: la Avenida de los Castros por la parte alta de la ciudad, el Paseo del General Dávila y la ronda que, con distintos nombres, discurre paralela a la línea del mar conformando uno de los más bellos paseos marítimos del litoral español. A estas arterias hay que añadir la Alameda de Oviedo, que recorre buena parte del casco urbano y cuya prolongación desemboca en el Paseo de Pereda, uno de los tramos del citado paseo marítimo. El itinerario que proponemos para descubrir todos los secretos de la ciudad recorre primero toda la línea marítima, desde el puerto pesquero hasta el Cabo Mayor pasando por Puerto Chico y la Magdalena. Después nos adentraremos en el casco urbano. Por supuesto, el visitante puede organizar su visita sin necesidad de recorrer en primera instancia todo el paseo marítimo, sino que, si lo prefiere, puede desviarse de nuestro itinerario para conocer antes otros lugares de interés. En este sentido, el ilustre literato Azorín, ante la disyuntiva de hacia dónde dirigir sus pasos para emprender su visita a Santander, apuntó una solución bastante curiosa: «Dejad los planos; dejad las guías; no preguntéis a nadie. Tal vez el vagar a la aventura por el laberinto de las calles es el mayor placer del viaje». Así pues, iniciamos nuestra ruta por la ciudad en el Barrio Pesquero, al que se puede acceder por la calle Marqués de la Hermida, una de las vías de entrada a Santander.





    Hasta 1943 los pescadores residían en Puerto Chico, pero ese año tuvieron que trasladarse a este nuevo emplazamiento donde se construyeron 108 viviendas, ninguna de las cuales tiene más de tres pisos. Es una zona repleta de almacenes y pequeños astilleros que reparan los barcos pesqueros, pero también abundan los bares, restaurantes, mesones marineros, asadores y casas de comidas populares, auténticos templos de la gastronomía donde se pueden degustar los excelentes pescados y mariscos que llegan a diario al Puerto Pesquero y a la Dársena de Maliaño (aunque son muchos los locales -algunos, a modo de reclamo, preparan paellas o pescados a la parrilla en la misma puerta- podemos mencionar El Vivero, El Marucho, La Lonja, La Bodeguca o José Basilio). No debe perderse la ocasión de presenciar la animada subasta del pescado que se desarrolla en torno a la lonja.



    Desde el muelle de Maliaño, antes de llegar a los Jardines de Pereda, pasamos junto a los edificios de la Aduana, de la Comandancia de Marina y de la moderna Estación Marítima de Ferrys, que mantiene una importante línea regular de pasajeros y mercancías entre Santander y la ciudad inglesa de Plymouth. La compañía Britanny Ferries gestiona esta comunicación marítima y efectúa tres viajes semanales durante el verano y dos el resto del año. Frente a la estación se puede contemplar el monumento al Machichaco, una cruz de piedra erigida en memoria de los muertos en la ya mencionada explosión de dicho barco, que se produjo cuando las llamas del incendio que se había declarado a bordo alcanzaron las cajas de dinamita que transportaba el carguero, anclado en ese momento en Maliaño. Sin embargo, el gran encanto de este lugar es que nos permite admirar atractivas y sorprendentes panorámicas de la bahía de Santander. A la sombra de la Pereda.

    Monumento a José María de Pereda


    La capital cántabra puede presumir de ser una ciudad en la que disfrutar de numerosos y espléndidos jardines y parques. Junto a la mole de Peña Cabarga y asomándose a la bahía se encuentran los Jardines de Pereda, presididos por el monumento al insigne escritor cántabro que da nombre a este cautivador oasis urbano. Alrededor de su estatua, un conjunto de esculturas recrean escenas de Peñas Arribas, Sotileza y otras obras de Pereda. Otro monumento que puede visitarse en estos jardines, en cuyo interior se halla la Oficina de Información y Turismo, es el dedicado a Concha Espina, una sencilla fuente realizada por Victorio Macho en 1927 (año en que la escritora recibió el Premio Nacional de Literatura) e inaugurada por Alfonso XIII. En 1960 se añadió un frontón en homenaje a Víctor de la Serna, hijo de Concha Espina y uno de los más renombrados periodistas del siglo XX.

    Monumento a Concha Espina


    Sin duda, los Jardines de Pereda son un lugar ideal para relajarse y reponer fuerzas con la intención de emprender la visita a los distintos lugares de interés que se hallan a su alrededor, como la adjunta plaza de Alfonso XIII, los edificios de Correos y del Banco de España o la Catedral.

    Edificio de Correos



    Bajo la sombra de los árboles, en la plaza de Alfonso XIII destaca el monumento a Pedro Velarde, el héroe cántabro del Dos de Mayo. La escultura es de bronce y fue realizada en la segunda mitad del siglo XIX por Elías Martín. Por su parte, el edificio de Correos, que data del año 1915, llama la atención por el aire neogótico de su fachada y su hermosa balconada. A su lado se halla el Banco de España, terminado de construir en el año 1928. Seguimos nuestro recorrido junto al mar y llegamos al Palacete del Embarcadero, antigua aduana que en la actualidad se utiliza como sala de exposiciones. Junto al palacete se halla el atracadero de las «reginas», embarcaciones que durante todo el año cruzan la bahía (hasta Somo y Pedreña) y que en los meses de verano realizan sugestivas travesías nocturnas. En cambio, frente al embarcadero se encuentra la fuente de los Meones, mientras que un poco más lejos está la Grúa de Piedra, donde es habitual la presencia de algunos pescadores intentando capturar mújoles y doradas.

    Catedral de Santander



    Palacete del Embarcadero
    [img]http://www.luengo.net/santander/palacete_embarcadero.jpg
    [/img]


    La Grúa de Piedra



    Paralelo a la línea de esta parte del muelle discurre el paseo de Pereda, con sus casas orientadas hacia el mar y hacia el mediodía. Sus señoriales edificios, entre los que se incluye el Banco de Santander, construido en los años 40 y cuya fachada tiene más de 60 balcones de forja y piedra, conforman una de las riquezas artísticas más significativas de la capital cántabra (han sido declarados monumento histórico-artístico) y ofrecen ejemplos de casi todos los estilos arquitectónicos del periodo comprendido entre finales del siglo XVIII e inicios del XX.

    Paseo de Pereda



    Sin duda, en la mayoría de construcciones del paseo, algunas de las cuales están coronadas por miradores, mansardas o buhardillas, se advierte la contribución del capital invertido por indianos y jándalos. De hecho, durante la época del comercio marítimo colonial los mercaderes, los almacenistas y las compañías que controlaban el tráfico con América instalaron su sede o su residencia en este paseo. De Puerto Chico a la Magdalena. Dejamos atrás el paseo de Pereda y enseguida nos encontramos con el edificio del Club Marítimo, que nos indica que hemos llegado a Puerto Chico, antiguo puerto pesquero donde durante el siglo XIX y principios del XX se concentraba la tradicional actividad marinera de la ciudad. Desde que los pescadores fueron trasladados al Barrio Pesquero, Puerto Chico se convirtió en atracadero de modernos veleros y embarcaciones deportivas y de recreo, pero también en un lugar de gran atracción turística cuyo encanto reside en el singular tipismo de las calles del barrio, repletas de tabernas, mesones y sencillas casas de comidas, que nos permiten saborear un ambiente pintoresco y costumbrista y nos ofrecen la posibilidad de degustar suculentas cazuelas de pescado, la afamada paella del cantábrico o enormes sardinas asadas.

    Puerto Chico


    El Club Marítimo, fundado en 1928, es una especie de palacete que se yergue sobre las aguas de la bahía, en palabras del escritor Dionisio Ridruejo «mete su obra entre las aguas con una vaga ilusión de palafito lacustre». Es uno de los Clubs Marítimos más prestigiosos de España y uno de sus primeros socios de honor fue el rey Alfonso XIII.

    Club Marítimo
    Last edited by Kramsib; February 5, 2005, 22:17.
    «… Santander, al marchar te diré, guarda mi corazón, que por él volveré ». // Awarded with the Silver Fleece Medal SEP/OCT 2003 by "The Spanish Civilization Site" Spanish Heroes: "Blas de Lezo Bio" "Luis Vicente de Velasco Bio" "Andrés de Urdaneta Bio" "Don Juan de Austria Bio"

  • #2
    En las cercanías de la plaza Matías Montero se halla el Museo Regional de Prehistoria y Arqueología, que ocupa los bajos del edificio de la Diputación Regional de Cantabria. El museo, fundado en 1925 a partir de una amplia colección entregada a la ciudad por el marqués de Comillas, reúne muchos e importantes restos arqueológicos encontrados en los distintos yacimientos cántabros, por ejemplo Altamira, Puente Viesgo, Julióbriga o Castro Urdiales. La amable disponibilidad de un personal altamente cualificado resultará de gran ayuda a la hora de admirar valiosos y refinados objetos del Paleolítico, entre los que destaca un bastón de mando hallado en la cueva de El Pendo que tiene grabadas cabezas de caballo y de cierva -no hay que olvidar que el arte mueble del paleolítico superior le debe su reconocimiento internacional a las investigaciones realizadas en los yacimientos cántabros-, calcos de las pinturas rupestres, estelas gigantes del periodo cántabro, numerosos restos romanos del asentamiento de Julióbriga (lápidas funerarias, telares, cerámicas, etc.) o materiales medievales.


    Desde el museo seguimos nuestro recorrido por la elegante calle de Castelar, que permite contemplar interesantes muestras de arquitectura burguesa y al final de la cual se halla el Palacio de Festivales de Cantabria, edificio construido por el arquitecto Sáenz de Oiza donde se celebra el Festival Internacional de Música y Danza. Merecen especial atención la sala Argenta, que cuenta con uno de los escenarios más grandes y modernos de España y desde donde se pueden contemplar espectaculares vistas de la bahía, y la sala griega, inspirada en un teatro clásico. Junto al palacio se alza un atractivo conjunto de edificios (el Planetario, la Escuela de la Marina Mercante y el Centro de Vela de Alto Rendimiento), aunque debemos recomendar especialmente la visita al dique de Gamazo, una auténtica joya de la arqueología y la historia naval donde antaño se construían y reparaban buques.



    Siguiendo el paseo marítimo llegamos enseguida al Instituto Oceanográfico y al Museo Marítimo del Cantábrico, cuyas tres plantas están divididas en distintas secciones: biología marina, una muestra de los diferentes hábitats marinos en la que destacan una sardina con dos cabezas capturada en 1913 y un esqueleto de ballena de más de 24 metros; acuarios, en los que conviven la fauna y la flora de las aguas del Cantábrico, como cangrejos, tortugas o pequeños tiburones; laboratorio oceanográfico, donde se conserva el instrumental de la antigua Estación Biológica Marina; etnografía pesquera, una bella muestra de enseres, objetos y aparejos propios del oficio de pescador, así como de las tradiciones, la indumentaria o los sistemas de captura y de conservación del pescado propios de la actividad cotidiana de las comunidades marineras; historia marítima y barcos tradicionales, donde se pueden contemplar maquetas de antiguas embarcaciones. No hay duda de que el museo es otra de las visitas obligadas para quienes se sienten atraídos por ese misterioso mundo que gira alrededor del mar.

    Las primeras playas. Estamos ya cerca de la famosa península de la Magdalena, de la que se dice, no sin razón, que es un lugar donde todo resulta interesante y atractivo. Pero para llegar hasta ella, el visitante tiene dos opciones: seguir a pie, puesto que la carretera termina poco más allá del Museo Marítimo, o bien recorrer la Avenida de la Reina Victoria, continuación de la calle Castelar. La vía, que se impone como un espléndido mirador sobre la bahía, fue construida con el objeto de conectar la Primera Playa del Sardinero con el centro de la ciudad y a lo largo de ella se suceden villas, mansiones, hoteles y pequeños jardines de notable valor arquitectónico. Muy cerca está el Paseo de Pérez Galdós, de similares características pero al que muchos consideran la vía más elegante de Santander. Destacan la Casa Pardo (o casa de Emilio Botín), algunas villas, como Montemar o La Casuca, y el Hotel Real, de llamativo color blanco y hermosa terraza y cuyo estilo neofrancés se debe a González Riancho.

    Playas de El Sardinero






    Estatua a Perez Galdós
    [img]http://www.luengo.net/santander/estatua_a_perez_galdos.jpg
    [/img]

    Quienes opten por seguir a pie desde el Museo Marítimo se encontrarán enseguida con las primeras playas de Santander: la de Los Peligros, la de la Magdalena y la de los Biquinis, cuyas tranquilas aguas, casi sin oleaje, se deben a la protección que ejerce sobre ellas la bahía de Santander. Frente a la recoleta playa de los Biquinis, situada prácticamente a los pies del Palacio de la Magdalena y que se llama así porque fue el lugar donde las estudiantes extranjeras de los cursos de verano de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo mostraron por primera vez dichas prendas, se encuentran la isla de la Torre, donde está ubicada la Escuela de Vela, y el islote de La Horadada, cuyo arco natural, según la leyenda, fue abierto por el choque de la nave de piedra que trajo a la ciudad los restos de los santos Emeterio y Celedonio.


    Un palacio construido por suscripción popular. El recinto de la Magdalena, al que se accede desde la Avenida de la Reina Victoria, aunque también se puede subir a pie desde la playa de los Biquinis, es un extenso parque (24,5 hectáreas) donde el visitante debe olvidarse del reloj y dejar a un lado las prisas para pasear y disfrutar tranquilamente de estos privilegiados parajes y de todos los atractivos que ofrece el lugar. Sin duda, lo que más sobresale en medio de este verde paisaje es el Palacio de la Magdalena, cuya singular silueta se divisa desde casi cualquier punto de las playas santanderinas. El edificio, de estilo ecléctico con influencias inglesas y francesas, fue un regalo de la ciudad al rey Alfonso XIII para convencerle definitivamente de que Santander era el lugar más indicado para disfrutar de sus vacaciones estivales. El dinero para los gastos de su construcción (700.000 pesetas.) se obtuvo por suscripción popular y las obras, dirigidas por los arquitectos Javier González Riancho y Gonzalo Bringas, terminaron en 1912. En la actualidad, el palacio es propiedad del Ayuntamiento de Santander. El interior, que consta de cinco plantas, está compuesto por un conjunto muy bien articulado de salas nobles conservadas tal y como eran antiguamente, aulas, salas de prensa y de conferencias, cafeterías o comedores, aunque, tal vez, los espacios más fascinantes sean el salón de la reina, el vestíbulo, la biblioteca o el salón de la música. Desde hace más de cincuenta años, esta espléndida mansión real es el escenario, durante los meses de verano, de la prestigiosa Universidad Internacional Menéndez y Pelayo, que ofrece un completo programa de cursos, conferencias y seminarios impartidos por renombrados especialistas de las ciencias y las humanidades procedentes, al igual que los alumnos, de los más distintos lugares del mundo. Desde luego, en esa época, la ciudad se convierte en la capital cultural de nuestro país. Pero la pequeña península de la Magdalena, que sólo puede recorrerse a pie (únicamente se permite la entrada de vehículos del personal y los alumnos de la universidad de verano), reúne otros alicientes para el visitante. En la parte baja se hallan las Caballerizas reales, interesante conjunto con dependencias de influencia georgiana construido una década después que el palacio. Hoy día, las caballerizas albergan el Paraninfo y la Residencia de la Playa, donde conviven los estudiantes. También se puede visitar el mini-zoológico, que acoge una llamativa representación de especies de felinos, pingüinos, leones marinos, osos polares o focas. Llaman la atención las sorprendentes «jaulas naturales», cuyos muros son los propios acantilados de la roca y en las que se aprovecha la entrada directa del agua del mar para crear las piscinas de las focas o de los osos. En cambio, el museo El hombre y el mar ofrece la posibilidad de admirar réplicas de antiguos galeones.

    Los Galeones de Vital Alsar


    Quienes deseen disfrutar de magníficas panorámicas de la bahía y del Sardinero, así como del faro de Cabo Mayor, pueden optar por subirse al «Magdaleno», un trenecito turístico que realiza un recorrido por la península y cuyas azafatas explicarán al viajero los más sorprendentes detalles de cada lugar. El Sardinero. Al otro lado de la península de la Magdalena se abre al Cantábrico una gran extensión de más de dos kilómetros de playa, que sin duda es una de las mayores atracciones turísticas de Santander, sobre todo en verano. A esta hermosa sucesión de calas de arenas de grano finísimo, que cuando baja la marea parece una única playa contenida entre la Magdalena y el Cabo Menor, se le conoce con el nombre genérico de El Sardinero, pero los asiduos de la zona conocen perfectamente los nombres y los límites de cada una de ellas: El Camello, La Concha, Primera y Segunda Playa del Sardinero y Los Molinucos. La primera debe su nombre a una roca que tiene forma de camello, mientras que cerca de la playa de La Concha, una cala de apenas 250 metros de largo, se podrá contemplar la figura de un Neptuno, una de las esculturas más interesantes de la ciudad. Prácticamente volcada sobre la arena de las playas, la avenida de la Reina Victoria nos lleva hasta la Plaza de Italia, corazón del Sardinero y zona residencial por excelencia. Es un enclave repleto de terrazas veraniegas donde sobresalen los exquisitos chalets, la decadente pero evocadora Avenida de los Hoteles y el edificio del Gran Casino de Santander, uno de los más emblemáticos de la ciudad. De color blanco y construido en 1916, destaca por su imponente escalinata y su hermosa terraza, así como por las dos magníficas torres octogonales que lo flanquean. Sin duda, es una espléndida muestra de edificio de la belle époque.

    Casino de Santander


    Un poco más adelante, entre la Primera y la Segunda Playa del Sardinero, consideradas dos de las mejores playas urbanas del mundo, se hallan los Jardines de Piquío, una magnífica zona verde que se asoma al mar entre tamarindos, palmeras y pérgolas. Los elegantes cafés y restaurantes situados casi al borde de la arena son una constante tentación para quienes pasean sin rumbo fijo. Siguiendo el paseo marítimo, y después de dejar atrás el parque de González Mesones, llegamos a la pequeña playa o arenal de los Molinucos, que se extiende a los pies del Cabo Menor, un promontorio sobre el que se deja ver la extensa zona verde del Parque Municipal de Mataleñas. Este bellísimo parque, cuya abundante vegetación se eleva sobre las playas de El Sardinero, cuenta con un hermoso campo de golf, también municipal, y es un magnífico lugar para contemplar increíbles perspectivas de la bahía, así como del faro de la pequeña isla de Mouro. Batido constantemente por el oleaje, este islote, al que los visitantes pueden acercarse en lancha o barca, es un singular punto de encuentro de distintas aves marinas. Desde el parque de Mataleñas, una carretera conduce hasta el faro de Cabo Mayor, construido en 1930 y que con sus 30 metros de altura es el más importante de Cantabria. Casi a sus pies se halla la impresionante cala de Mataleñas y en las cercanías podemos visitar el monumento a los Caídos y el Puente del Diablo, un hueco natural abierto en la roca por la acción erosiva del mar.

    Puente del Diablo


    Desde su mirador, el visitante podrá constatar toda la belleza del inigualable marco marítimo santanderino, donde la naturaleza exhibe toda su fuerza y el Cantábrico sigue acometiendo con indómito ímpetu su milenaria pugna con los acantilados.
    «… Santander, al marchar te diré, guarda mi corazón, que por él volveré ». // Awarded with the Silver Fleece Medal SEP/OCT 2003 by "The Spanish Civilization Site" Spanish Heroes: "Blas de Lezo Bio" "Luis Vicente de Velasco Bio" "Andrés de Urdaneta Bio" "Don Juan de Austria Bio"

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    • #3
      Callejeando por el casco urbano. A quienes hayan decidido descubrir la ciudad siguiendo la ruta propuesta, es decir, bordeando el litoral marino, les proponemos ahora un interesante itinerario para conocer el interior de la ciudad. Una buena idea es tomar como punto de partida la plaza de Cuatro Caminos a la que, aunque está en el otro extremo de la ciudad, se puede llegar fácilmente desde el Sardinero, tanto por la avenida de los Castros como por la de la Reina Victoria y sus respectivas prolongaciones. En las inmediaciones de la plaza destacan el Hospital de Valdecilla, uno de los mejores centros sanitarios del país, la plaza de México, presidida por el monumento a Benito Juárez, y la Plaza de Toros, un coso centenario con un hermoso conjunto de arcos que ha sido testigo del entusiasmo de los santanderinos hacia el arte de la tauromaquia. Aquí, en el año 1913, se celebró la famosa corrida monstruo, en la que se lidiaron 18 toros.

      Desde Cuatro Caminos salen distintas vías que nos llevan al centro de la ciudad, como la calle Alta, donde se halla el antiguo hospital de San Rafael, que en la actualidad alberga la sede de la Asamblea Regional de Cantabria. El edificio, construido en 1791, está organizado alrededor de un patio interior porticado donde se celebran ceremonias solemnes y exposiciones de arte. Destaca también la fachada principal, de estilo herreriano y con nueve arcadas de medio punto y ocho ventanales, así como la colección de modernas esculturas que se conserva en el interior. Junto a la Asamblea Regional se halla el convento de Santa Cruz (siglo XVII), mientras que siguiendo por la misma calle Alta, no muy lejos de la plaza de las Estaciones, se llega a la iglesia de la Consolación, barroca y del siglo XVIII. Otra opción, tal vez más animada, para llegar al centro desde la plaza de Cuatro Caminos es recorrer las calles de Vargas y San Fernando y la Alameda de Oviedo, un conjunto de vías muy transitadas que discurren en paralelo. Estamos en una de las principales zonas comerciales de la ciudad, que se prolonga a lo largo de las calles Burgos, ahora peatonal, y Jesús de Monasterio, repletas de comercios, restaurantes, tiendas y cafeterías. En honor de don Marcelino Menéndez Pelayo.

      A la izquierda de la mencionada Jesús de Monasterio, en la calle Rubio, se alza un conjunto de edificios de gran interés al que podríamos denominar complejo Menéndez Pelayo: la Biblioteca y la Casa de Menéndez Pelayo, el Museo de Bellas Artes, el Archivo Histórico Provincial de Cantabria y la Biblioteca Municipal. Una estatua sedente del escritor preside el jardín de entrada a la Biblioteca Menéndez Pelayo, por donde tiempo atrás solía pasear don Marcelino. El edificio, declarado monumento histórico-artístico en 1982 y auténtico orgullo para los santanderinos, es la mejor muestra del florecimiento cultural que vivió la ciudad a finales del siglo XIX y principios del XX. En el interior se conserva el legado bibliográfico que este erudito intelectual donó a su ciudad con la única condición de que siempre se mantuviese agrupada la inmensa colección de libros que había conseguido reunir con tantos sacrificios y desvelos: cerca de 42.000 volúmenes entre los que sobresalen 23 incunables, la Crónica Troyana (siglos XIII-XIV), una copia de las Crónicas de Alfonso X el Sabio o valiosos manuscritos de Quevedo, Lope de Vega y del propio Menéndez Pelayo. Destacan también la acristalada, solemne y luminosa sala de lectura y el modesto despacho en el que trabajaba el escritor. La biblioteca fue diseñada por el renombrado arquitecto Leonardo Rucabado, que combinó elementos barrocos y regionalistas (alguien ha definido el estilo del edificio como montañés historicista) tomando como referencia las casonas y los palacios característicos de la región. Al otro lado del jardín se puede visitar la Casa de Menéndez Pelayo, donde vivió y murió este montañés universal. Fue declarada Monumento Histórico Nacional en 1982. El Museo de Bellas Artes, distribuido en tres plantas, es un hermoso edificio con elementos neoherrerianos entre los que destacan las balaustradas o los frontones. En el interior se conserva un valioso fondo pictórico, con colecciones de pintura flamenca, italiana y española de los siglos XVI, XVII y XVIII o muestras de arte contemporáneo y de los pintores cántabros más renombrados. Entre obras de Zurbarán, Van Schoor o Sorolla, sobresale un retrato de Fernando VII realizado por Goya bajo encargo del ayuntamiento de la ciudad. Muy cerca se encuentran la Biblioteca Municipal y el Archivo Histórico Provincial de Cantabria. En la primera se conservan muchos manuscritos y volúmenes con abundante material sobre autores cántabros, mientras que en el Archivo se guardan documentos relativos a la vida social, económica y cultural de la ciudad y de la región (los más antiguos datan del siglo XIII). Al encuentro de la catedral. Dejamos atrás este fascinante complejo cultural y seguimos nuestro paseo urbano por la calle Miguel Artigas, una vía peatonal que nos conduce hasta la plaza del Ayuntamiento, el verdadero corazón cosmopolita de Santander. En torno a la Casa Consistorial se articulan una serie de calles (del Cubo, Arrabal, Rualasal, San Francisco, etc.) repletas de establecimientos comerciales, especialmente tiendas de cerámica y tapicerías y otras dedicadas al calzado, la confección o las prendas de vestir. En frente del Ayuntamiento se puede contemplar una curiosa farola en la que están representadas simbólicamente las cuatro estaciones, mientras que detrás del edificio se halla el modernista mercado de la Esperanza, construido en 1879 y que fascinará al visitante por su bullicio popular y por la gran abundancia y variedad de productos (morcilla de Aguilar de Campoo, chuletones de Tudanca, quesos cántabros, etc.). Justo delante del mercado, la multitud de tenderetes de flores, ropa o bisutería añade una alegre nota de color. La mencionada calle de San Francisco nos lleva directamente a la emblemática Plaza Porticada, un ejemplo más de la característica arquitectura neo-herreriana en que se basó la reconstrucción del centro de la ciudad tras el incendio de 1941. Este espacio, donde se halla la Oficina Regional de Turismo, fue, desde 1952 hasta 1990, el magnífico escenario de las actuaciones del Festival Internacional de Música y Danza (a partir de ese año se trasladó al Palacio de Festivales) y por él pasaron figuras tan renombradas como Rostropovich, Rubinstein, José Carreras o Montserrat Caballé. A poca distancia se encuentra la iglesia de la Compañía o de la Anunciación, construida entre los siglos XVI y XVII con el apoyo de los preceptores de don Juan de Austria, pero cuyo interior está casi totalmente rehecho ya que el original se quemó en el citado incendio. Estamos ya muy cerca de la catedral, a la que se puede acceder a través de la avenida Calvo Sotelo, flanqueada por agradables terrazas (como la de la cafetería Trueba), joyerías, selectas boutiques de moda o lujosas zapaterías que complacerán incluso a los compradores más exigentes. La catedral, que se alza en el mismo lugar que ocupó la abadía de San Emeterio, alrededor de la cual nació la ciudad de Santander (entonces llamada Puerto de San Emeterio), también tuvo que ser reconstruida tras el pavoroso incendio de 1941. Se salvó, sin embargo, la cripta del Cristo, el monumento más antiguo e importante de la ciudad construido a principios del siglo XIII en un sobrio estilo gótico temprano, transición entre el románico y el gótico. La cripta se distingue por los recios pilares que dividen el templo en tres naves y por los restos romanos descubiertos en las excavaciones realizadas entre 1982 y 1983 bajo el suelo de la propia cripta (los restos pueden contemplarse a través de la cristalera con que se ha recubierto parte del pavimento). En el interior se conservan también algunas piezas de notable valor, como un crucifijo de madera policromada y una Piedad de piedra labrada por Gregorio Hernández. Desde esta recoleta cripta se puede acceder a la catedral, templo de estilo gótico que según parece comenzó a construirse en el siglo XIV, aunque tuvo que ser reconstruida y restaurada tras el incendio de 1941. Su solidez, así como su maciza torre, le confieren un aspecto de fortaleza o caserón feudal. En el interior puede contemplarse el valioso retablo mayor de estilo churrigueresco, algunas capillas dedicadas a importantes personajes de distintas épocas, el hermoso coro del siglo XVII, las reliquias o cabezas de plata de los santos Emeterio y Celedonio, el sepulcro de Marcelino Menéndez Pelayo con su estatua yacente esculpida sobre el sarcófago (la cabeza del bibliófilo santanderino reposa sobre una almohada de libros, aunque más significativa resulta la inscripción en un libro abierto junto a su mano: ¡Qué lástima tener que morir cuando me quedaba tanto por leer!) o el espléndido claustro gótico, tal vez el espacio más vistoso de la catedral. Sin embargo, la atención y la curiosidad de los visitantes suele concentrarse en una pila de abluciones de origen árabe, labrada en mármol blanco y con una inscripción que exalta la pureza del agua. Según la tradición, llegó hasta aquí como parte del botín de las expediciones de navegantes cántabros que ayudaron a reconquistar Sevilla. Por último, es oportuno señalar la existencia en el templo de una capilla dedicada a la Virgen de la Bien Aparecida, Reina y Madre de La Montaña. Para completar nuestro recorrido por la capital cántabra, proponemos regresar a la Plaza Porticada y desde ahí dirigirnos hacia la plaza de Cañadío, un céntrico espacio urbano que, al igual que la cercana plaza de Pombo, es un buen lugar para tomarse tranquilamente unos vinos y probar algunas tapas típicas, como las rabas (calamares fritos), los bocartes rebozados (boquerones abiertos en filetes) o queso de los Picos de Europa. Buenas opciones son el mesón Rampalas, La Conveniente, Cañadío o Fradejas. De camino a Cañadío, se pueden visitar dos interesantes edificios: la Fundación Marcelino Botín y el Centro Cultural Modesto Tapia. El primero, ubicado en la calle Pedrueca, es una construcción de finales del siglo XVIII donde se llevan a cabo intensas labores de asistencia social, educación (se otorga un gran número de becas), investigación y promoción de la cultura (exposiciones, ciclos de conferencias, edición de publicaciones, etc.) y de la música (Ciclo de Jóvenes Intérpretes), campo en el que sobresale el trabajo que desarrolló Paloma O´Shea, quien creó el Concurso Internacional de Piano «Ciudad de Santander» en el año 1972. Similar orientación tiene el Centro Cultural Modesto Tapia, cuyo edificio fue inaugurado por Alfonso XIII en el año 1907 y que se halla en las inmediaciones de la calle Río de la Pila, donde se concentra un variado conjunto de bares de ambiente juvenil.

      Articulo recogido de: Elmundoviajes.com
      «… Santander, al marchar te diré, guarda mi corazón, que por él volveré ». // Awarded with the Silver Fleece Medal SEP/OCT 2003 by "The Spanish Civilization Site" Spanish Heroes: "Blas de Lezo Bio" "Luis Vicente de Velasco Bio" "Andrés de Urdaneta Bio" "Don Juan de Austria Bio"

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      • #4
        Por supuesto, no leí el folleto turístico , pero me dieron muchas ganas de visitar Santander (y de paso gritar un poco por Racing )

        Cuando un dedo señala la luna, los tontos miran el dedo. (del Mayo francés)

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        • #5
          Ni loco leo todo esto en el monitor, pero más tarde lo tiro en la palm y lo leo

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          • #6
            Menos mal que diste la version resumida
            Viajero vagabundo, en busqueda del foro perfecto...
            Matricula PG´s: 0024
            Civ4Elo: Jeje
            "Adaptandome a la nueva cara del foro"

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            • #7
              Se ve que es muy linda esa ciudad
              Me gusta en especial la foto de ese palacio frente al mar.
              >>> El cine se lee en dvdplay <<<

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              • #8
                Me quedé sin tiempo para poner más fotos y hacer la lectura más amena, pero había que hacer un gran despliegue de la ciudad.

                El palacio que ves CP, es el Palacio de la Magdalena, residencia veraniega del Rey Alfonso XIII. Actualmente pertenece a la ciudad y en él se imparten varias charlas y seminarios de la UIMP (Universidad Internacional Menéndez Pelayo).
                «… Santander, al marchar te diré, guarda mi corazón, que por él volveré ». // Awarded with the Silver Fleece Medal SEP/OCT 2003 by "The Spanish Civilization Site" Spanish Heroes: "Blas de Lezo Bio" "Luis Vicente de Velasco Bio" "Andrés de Urdaneta Bio" "Don Juan de Austria Bio"

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                • #9
                  que bonita es Santander!
                  El futuro pertenece a quienes creen en la belleza de sus sueños.
                  - Eleanor Roosevelt

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                  • #10
                    Preciosa tu ciudad, Kram. Tarde o temprano pasaré por allí. EL caso es que tengo familiares lejanos en ella, pues mi abuelo era de allí.
                    Si no hubiéramos sido lo que fuimos ahora no seríamos lo que somos... «Boys are back in town...»
                    CIVILIZATION - PROGRESSIVE GAMES WEB
                    SHOTS OF ROME , LISBON , GRANADA , SALAMANCA , SANTIAGO , SEGOVIA , ARANJUEZ , MADRID , MANZANARES EL REAL

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                    • #11
                      Originally posted by Gerar Dean
                      Por supuesto, no leí el folleto turístico , pero me dieron muchas ganas de visitar Santander (y de paso gritar un poco por Racing )

                      Yo pensaba que te interesaba más en banco homónimo

                      Hermosa Santander, pero no la cambio por mi Valdivia, ni siquiera por Málaga de Yaroslav

                      Nosotros cumplimos 453 años el 19 de febrero y se celebra con la tradicional "Noche Valdiviana" con fuegos artificiales y la elección de la Reina de los Ríos entre otras cosas.
                      Last edited by Kelzad; February 7, 2005, 17:49.
                      Obra de modo tal que la máxima de tu voluntad pueda ser en todo tiempo principio de una ley universal - Imperativo categórico de Immanuel Kant.
                      Yo creo que la gente es sumamente ineficaz para aproximar el placer. Se dan tremendas vueltas. ¡Y putas que les cuesta! Además no hay ninguna religión que no esté a patadas con el placer ¿Qué chuchas pasa? (No se molesten con mi lenguaje. Es científico-vulgar) - Florcita Motuda.
                      Escenario C3C: Guerra del Pacífico 2.0

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                      • #12
                        Originally posted by Kelzad


                        Yo pensaba que te interesaba más en banco homónimo

                        Hermosa Santander, pero no la cambio por mi Valdivia, ni siquiera por Málaga de Yaroslav

                        Nosotros cumplimos 453 años el 19 de febrero y se celebra con la tradicional "Noche Valdiviana" con fuegos artificiales y la elección de la Reina de los Ríos entre otras cosas.
                        Madre mía, estos chilenos son peor que los yanquis : . Todavía estoy esperando el momento de ver a un chileno del foro hacer una crítica a su pais o a algo relacionado con él.
                        Si no hubiéramos sido lo que fuimos ahora no seríamos lo que somos... «Boys are back in town...»
                        CIVILIZATION - PROGRESSIVE GAMES WEB
                        SHOTS OF ROME , LISBON , GRANADA , SALAMANCA , SANTIAGO , SEGOVIA , ARANJUEZ , MADRID , MANZANARES EL REAL

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                        • #13
                          - El transporte público urbano es una mierda.
                          - En deporte somos un fracaso con notables, pero poquisimas, excepciones.
                          - El centralismo que intentan mantener en el tiempo los politicos santiaguinos que gobiernan el país lo unico que hace es generar más riqueza en esa ciudad mientras que hay regiones con necesidades de trabajo mucho mayores.
                          - Los libros son carisimos! Este debe ser el único país del mundo en que se le ponen impuestos a los libros!! Y luego se quejan del aumento de la venta pirata

                          ...entre otras cosas
                          >>> El cine se lee en dvdplay <<<

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                          • #14
                            En una ciudad como Valparaíso te creo que el transporte público es una mierda. La líneas funcionan por "niveles": abajo (centro), medio, arriba. . Y más encima. "¿Ud. vá pa'llá? Entonces la tarifa es esta, ¿ud. va pa'cá? Entonces la tarifa es esta otra" . Aquí los buses además son más ordinarios, caros, y los choferes unos amargados

                            Pero en Santiago un hasta se divierte viajando en el metro y cambiando de línea. Diversión por un día por sólo $ 370

                            Mis críticas:

                            - La gente tan oportunista, copuchenta y chaquetera.
                            - El deporte que es el espectáculo más paupérrimo que existe.
                            - La discriminación indiscriminada
                            - Las fuerzas policiales tan inútiles.
                            - Todas esas mierdas que protestan y destruyen.

                            Obra de modo tal que la máxima de tu voluntad pueda ser en todo tiempo principio de una ley universal - Imperativo categórico de Immanuel Kant.
                            Yo creo que la gente es sumamente ineficaz para aproximar el placer. Se dan tremendas vueltas. ¡Y putas que les cuesta! Además no hay ninguna religión que no esté a patadas con el placer ¿Qué chuchas pasa? (No se molesten con mi lenguaje. Es científico-vulgar) - Florcita Motuda.
                            Escenario C3C: Guerra del Pacífico 2.0

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                            • #15
                              - Las fuerzas policiales tan inútiles.
                              Yo me sacó el sobrero frente a los Carabineros, me parece que no solo hacen bien su trabajo si no que considerando que cuentan con recursos al límite trabajan de forma eficiente. Otra historia son los de la Policia de Investigaciones... nunca me ha gustado la forma en que se desempeñan y la arrogancia que demuestran.


                              La líneas funcionan por "niveles": abajo (centro), medio, arriba. . Y más encima. "¿Ud. vá pa'llá? Entonces la tarifa es esta, ¿ud. va pa'cá? Entonces la tarifa es esta otra"
                              Hay dos tipos de líneas. Centro que es la que anda solo en el centro (obvio ) y los buses de acercamiento que suben a los cerros y cruzan la ciudad hacia los cerros "del otro lado". Las tirafas son 3, local, centro y completa.

                              cuando me refería a transporte público, por supuesto que deje afuera el Metro de Santiago. Da gusto viajar ahí (excepto a hora punta ). Lo que más me gusta son las exposiciones de arte de las estaciones y las máquinas expendedoras de libros Ojalá que el Metro de Viña se acerque a lo que es el de allá.
                              >>> El cine se lee en dvdplay <<<

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