Comencé solo en una pequeña isla, bien por el este aunque con mucha jungla y un gran desierto en el oeste. Rápidamente me di cuenta de un factor clave: ¡no había ni un solo recurso de lujo en toda la isla! Evidentemente, mi expansión debía realizarse por otros lares. La isla al norte de la mía era otra roca inhabitable, pero desde el este llegaban noticias de grandes praderas y yacimientos de gemas cuya luz atraía a nuestros aventureros. Pero no seríamos los únicos interesados en ellas, pues los incas habitaban el sur de dicho continente y los etíopes, desde el oeste, también tenían ambiciones sobre mis gemas.
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-¿Ande están los lujos?
Pero vayamos por partes, antes de todo esto me dediqué a fundar mis 4 primeras ciudades en la parte buena de mi pequeña isla. Dichas ciudades serían desde entonces y para el resto de la partida mis mejores ciudades, aunque quedaron seriamente apelmazadas debido al poco espacio terrestre. Seguidamente fundé mi quinta ciudad, como llave del desierto del oeste. Nada más fundar la ciudad, al turno siguiente, una horda de bárbaros arqueros a caballo liderados por Atila me atacó y me arrasó la ciudad. Buen comienzo, en un archipiélago de repente me veo obligado a producir montones de lanceros pues mis hacheros y guerreros galos de poco servían contra los arqueros a caballo. De hecho, yo aún ni tenía esa tecnología. La lamentable suerte en esta partida comenzó y de manera bien fuerte, pues perdí numeroso lanceros en ataques en los que tenían todas las de ganar, hablamos de porcentajes siempre de más del 80%. Estas bajas me obligaron a su vez a producir nuevos lanceros para evitar la destrucción total por parte de la horda, que ya se acercaba a las puertas de Tolosa. Repito, esto en un mapa archipiélago.
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-Atila me pilló desprevenido y le petó el kks a mi imperio.
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Total, que la destrucción que me causó Atila me hizo perder mucho tiempo y, para cuando quise darme cuenta, el maldito etíope ya había puesto sus garras en el noreste del continente de las gemas, mientras que el inca se expandía rápidamente desde el sur. A todo esto, todavía no había contactado con nadie más que estos dos, pues el océano impedía a las galeras ir en otra dirección que no fuera por el noreste, es decir, si quería contactar con alguien debía atravesar las sombrías tierras del temible y misterioso Sara Gosa. Como aún no teníamos alfabeto, habíamos negociado una apertura de fronteras sin paso de unidades mediante jeroglíficos. Cuando quise negociar el paso de unidades para poder pasar con mis galeras a contactar con otras civs y comerciar con ellas, la respuesta etíope fue negativa. Es decir, Sara Gosa pretendía aislarnos al inca y a mí para que nos quedásemos atrasados tecnológicamente y sin posibilidad de intercambiar recursos. Esto resultaba absolutamente intolerable y la respuesta fue la inmediata declaración de guerra. Se dieron órdenes al capitán de mi galera de atravesar territorio hostil a toda vela y lo logró, las primeras ciudades zulúes y americanas pronto fueron avistadas y la crisis se superó con la firma de la paz. A todo esto, Sara Gosa continuaba con su política exterior extremadamente agresiva y atacó al inca y le conquistó Harappa. Cuál fue mi sorpresa cuando firmaron la paz rápidamente y el etíope se lanzó a por mí, que acababa de poner pie en el continente. Mi ciudad de Durnovaria resistió el primer ataque, aunque para seguir resistiendo hube de suministrar refuerzos constantemente a través de una larga distancia por mar (para lo que son las galeras), pues Sara Gosa atacaba como un poseso. Es evidente que pensaba en echarme del continente para tener vía libre después con el inca. La heróica resistencia de Durnovaria y mis queridos guerreros galos, apoyados por un excesivo número de lanceros supervivientes de la guerra con Atila, echaron por traste sus planes y sucedió lo que tenía que suceder: El inca decidió vengarse y tratar de recuperar Harappa, y ya sabéis, los enemigos de mis enemigos son mis amigos y todo eso. Claro que las negociaciones con el inca no fueron fáciles, pues él reclamaba el continente como suyo. Pero tras explicarle que yo no tenía recursos de lujo ni otras zonas a las que expandirme, comprendió que nada iba a hacerme desistir en mis ambiciones continentales y no le quedó más remedio que aceptar mi soberanía sobre el norte del subcontinente, es decir, la zona de las gemas.
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-La segunda guerra celtíope fue ante todo una guerra de guerrillas.
Una vez arrojamos a Sara Gosa al mar, parecía que Huayna se daba por satisfecho. Sin embargo, el consejo de sabios celta en reunión solemne alrededor de una hoguera, llegó a la conclusión de que la existencia de Etiopía carecía de sentido en el mundo que queríamos construir. No fue demasiado difícil tentar a Huayna con nuevas tierrasde modo que nos dividimos el territorio etíope en dos sin haber explorado siquiera sus tierras
el norte para mí, el sur para Huayna. Asímismo, las joyas de la corona también se dividían a medias, siendo la capital para Huayna y la ciudad santa para mí. Esta parte ya la ha narrado Manolo, nuevamente tuve una mala suerte increíble y perdí muchas más carabelas de las que, por leyes de la probabilidad, debería haber perdido. Pero, en fin, el caso es que Sara Gosa logró que Huayna le perdonara y le avasallara. Yo no puse ninguna objeción porque el acuerdo incluía la anexión inmediata de Gondar, la ciudad santa, y Debre Berham, las últimas ciudades que me correspondían en virtud del acuerdo celtinca.
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-Repartición de etiopía sin haberla explorado siquiera
Desde que firmé la primera alianza con Huayna prácticamente fuimos amigos durante toda la partida y encontré en él a un aliado leal. Ni que decir tiene que cuando comencé a aliarme con él no tenía idea de quién era, pero he de decir que quedé gratamente sorprendido con su actitud durante toda la partida
A todo esto, mientras nos peleábamos con Sara Gosa, vikingos y holandeses entraron en guerra por la hegemonía mundial. Aunque muchos apoyaorn a Holanda, incluído mi aliado Huayna, mi apoyo decidido fue para Rangar. Esto se debía a que, pensando en un mundo post Sara Gosa, mis planes pasaban por expandirme a las ricas islas del norte, ahora accesibles con galeones, donde inevitablemente entraría en colisión frontal con una Holanda fuerte. Si a ello sumamos el hecho de que Willem fracasó estrepitosamente en su relación diplomática con mi persona, ocurrió que boicoteé a Holanda e intercambié techs y ayudé a Rangar en lo que pude. Yo sabía que Willem no es un genio precisamente, pero no imaginé tampoco una derrota tan aplastante tan rápido, no sé qué coño hizo pero debió hacerlo muy mal, al punto que abandonó la partida llorando y sus sutitutos nada pudieron hacer por evitar una victoria total de Rangar. Joder, con lo que me costó en Auster doblegar a Toku que iba segundo y aquí el que iba segundo va y tira la partida en cuatro turnos. Evidentemente, esto creó un desequilibrio tan enorme que me obligó a dejar de comerciar con Rangar y unirme a la incipiente alianza que se estaba fraguando contra él.
El resto ya lo conocéis, en las negociaciones de la OTAS se estableció que Holanda quedaría bajo mi protección, mientras que el proceso de desmilitarización de Alemania quedaría en manos americanas y zulúes.
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-El Imperio Celta llegó a ocupar un tercio del planeta
El súbito fin de la Gran Guerra me pilló totalmente desprevenido. Yo estaba dedicado plenamente a la guerra, incluso llegué a pisar territorio vikingo y de pronto tuve que cambiar el chip. Comencé la carrera retrasado respecto a Huayna, aún así confiaba plenamente en mi superior producción. Me confié y la cagué. Aún así habría ganado de no ser por los sabotajes de Sara, a quien nunca debí permitir que sobreviviera. Luego ya la legenderia mala suerte en esta partida hizo el resto. Creo que el día que comenzó esta partida me debió mirar un tuerto y así me quedé gafado toda la parti, de principio a finAl menos me quedé con la satisfacción de eliminar a Sara Gosa y que su nombre figure último en civstats para siempre
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Al menos me quedé con la satisfacción de eliminar a Sara Gosa y que su nombre figure último en civstats para siempre












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